
MALEN RUÍZ ELVIRA
Si al poner la televisión un día para contemplar la retransmisión de un sorteo del cupón de la ONCE o de la Lotería Nacional apareciera un señor que fuera diciendo números a medida que se le ocurrieran y a esos números se les adjudicaran los premios en juego, es casi seguro que ambas organizaciones no sobrevivirían a tan curioso y antimatemático método de sorteo. Sin embargo, así se realizan algunos sorteos, en cuyas bases figuran las palabras mágicas "ante notario", según la contestación enviada a una profesora de matemáticas que se quejó ante el Ilustre Colegio Notarial de Madrid por el método empleado en un sorteo. Para este sorteo, de ámbito nacional, convocado por Viajes Halcón, se habían distribuido nueve millones menos una de papeletas entre los alumnos que contrataron viajes de estudio en el curso 2002-2003.
Los premios consistieron en 21 viajes para dos personas a distintos destinos, de mayor a menor
coste [...]. Para efectuar el sorteo, el notario, en su propio despacho y en presencia de una
representante de la agencia de viajes citada, acotó mentalmente los números por millones y fue
diciendo los que se ocurrían, hasta llegar a 21 números, según informó él mismo a su colegio y
recoge el texto del acuerdo de éste, [...] en el que se archiva el expediente relacionado con la
queja por no haberse apreciado "indicio alguno de que el notario no haya obrado con absoluta
imparcialidad".
El resultado es muy curioso, como resalta la quejosa, Mª Jesús Rodríguez Marín, profesora de matemáticas en La Laguna. El primer número obtenido fue el 1 y, el último, el 8.999.999, es decir, el primero y el último posibles. Además todod los números van en orden ascendente, por lo que los números más altos perdieron de antemano toda posibilidad de obtener los mejores viajes. El segundo número es igual al tercero pero dada la vuelta, y algunos dígitos y repeticiones -de dos en dos o de tres en tres- salieron mucho más que otros.
Rodríguez Marín no cree que en este sorteo haya existido ninguna irregularidad voluntaria por parte de la empresa ni del notario, pero se lleva las manos a la cabeza ante la incultura científica que subyace en el proceso. En cualquier sorteo aleatorio, explica, todas las papeletas deben estar presentes y tener la igual probabilidad de salir premiadas, y debe de haber un protocolo que garantice que el sorteo se realiza mediante un mecanismo ajeno a la voluntad humana.
El académico de Ciencias y matemático Ildefonso Díaz cree que es grave que pasen estas cosas, porque indica un desconocimiento báscio por parte de la sociedad española. "Un sorteo implica azar, y azar implica igualdad de oportunidades" , explica. "No se puede emplear un método que favorezca unos números respecto a otros: si las posibilidades no son las mismas para cada número en juego, eso no es un sorteo". Díaz recuerda a demás que, por ejemplo, el cero es un número que una persona -que no una máquina- tiende a huir como primer recurso, porque no lleva aparejada una representación mental.[...]
El azar, sin embargo, si figuraba en las bases del sorteo de los viajes, pero no se especificaba el método a utilizar, y también es curiosa la razón dada por el notario para decantarse por el de pensar números, que, además, le convierten en arte y parte del proceso: "Justifica el método empleado en el hecho de la dificultad de emplear otros debido a la falta de medios facilitados por la empresa requiriente", explica el Ilustre Colegio de Notarial. El notario, por su parte, cree haber cumplido todos los requisitos de un sorteo al afirmar que, "a la vista de los medios de que disponía, la elección aleatoria (sic) de los números por el propio notario reviste todos los requisitos de imparcialidad precisos para jsutificar la aleatoriedad (sic) del resultado".








